Hoy he estrenado el Garmin Forerunner 610. Decidí comprarme un pulsómetro con muuuuchas prestaciones porque tras siete años corriendo, quiero mejorar en velocidad y resistencia y para ello se necesita hacer un entreno más especifico, no sólo salir a correr al tun-tun.
El primer entrenamiento ha sido de una hora de carrera continua en progresión, algo que puedes hacer mucho más fácil corriendo con un pulsómetro con GPS que se va encargando de avisarte de lo que tienes que hacer en cada momento y que te da toda la información necesaria de un simple vistazo.
Resumiré para que se os haga ameno. Esta mañana salía de mi pueblo con la bici y unos 400-500 metros delante de mi he visto que iba otro ciclista. Teníamos 15 kilómetros por delante hasta llegar al siguiente pueblo con varios kilómetros de subidas y la verdad es que como liebre a cazar me venía de perlas.
Los primeros kilómetros los he hecho tranquilos para ir calentando, pero sobre el kilómetro 9, justo cuando empezaba un minipuerto de 3 kilómetros, le tenía a poca distancia. Metros después le alcanzaba y le pasaba y opté por saludarle diciéndole “hola” en lugar del “hasta luego” que creía que era más apropiado porque lo iba a dejar atrás.
Nada más lejos de la realidad. El ciclista, un cincuentón con gemelos como peñones, vestido a lo profesional del gremio y una bicicleta de carretera (la mía es una de montaña, por lo cual su ventaja era enorme), ha cogido mi rueda durante toda la subida para ir más cómodo. Hasta ahí, normal, no es algo que me moleste. La cuestión es que cuando quedaban 200 metros de rampa para terminar el puerto, el colega se ha puesto a esprintar y me ha adelantado llegando “antes” a la cima. Me ha parecido absurdo que me quisiera “ganar” en una cuesta, así que he seguido a mi ritmo y en el llano de después me ha sacado algo más de ventaja.
Pero es que a medio kilómetro del siguiente pueblo de paso, le he vuelto a alcanzar porque él había disminuido considerablemente su pedalada (no sé si por el esfuerzo de subir más rápido de lo debido antes). Es entonces cuando su orgullo ha debido quedar tocado nuevamente, no ha soportado que lo adelantara y ¡se ha puesto otra vez a esprintar! Evidentemente, me ha vuelto a pasar justo cuando llegábamos sobre el cartel que anunciaba la entrada al pueblo y por ir tan rápido se ha comido un baden, se ha saltado un stop y no me he podido despedir de él como Dios manda. Yo he alucinado por completo, no me había visto en una situación así nunca.
En fin, si el tío que llevaba unas mallas de morenito.com me lee algún día, que sepa que es un campeón. Un campeón ridículo, eso sí.
Since the App Store launch, more than half of Evernote’s new users across all platforms are coming from the Mac. In fact, between Mac App Store launch and midnight on January 7th, Evernote saw 90,000 client downloads across both new and existing users.
It does not matter how “free” an app is if it is difficult to find or no one has even heard of it. Cost also does not matter if it is difficult to install. I’d be a rich man if I had a dollar for every person I encounter in my consulting business that downloaded a .DMG and did not know how to “install” the app from there. Or hit the download link on a web page and had no idea where the file actually went after that (changing the default from “Desktop” to “Downloads” did these folks no further favors). I would be willing to bet that 90% of those 90,000 that downloaded Evernote the first day the Mac App Store was open fit into one of those categories.
31 notas (via minimalmac)